Un soñador imagina el futuro y cómo lograrlo

Por Michele Jurich
El Heraldo Católico

Arturo Fernández cursa el quinto año de su programa de doctorado en estadística en la Universidad de California, en Berkeley.

Fue presidente del cuerpo estudiantil en Pittsburg High School. Llegó al campus de Berkeley como estudiante de primer año en el otoño de 2008. Cuatro años más tarde, se graduó con una licenciatura en matemáticas aplicadas y estadísticas.

Es el mayor de cinco hijos de un jardinero y una empleada de servicio doméstico, dos personas que persiguen su pequeña parte del sueño americano.

Fernández es el único de sus cinco hijos que no es ciudadano estadounidense. Fue traído a los Estados Unidos desde México cuando tenía 3 meses de edad.

Él es una de las caras de DACA (Delayed Action for Childhood Arrivals, por sus siglas en inglés, o Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, en español). Él está entre los 780,000 jóvenes que han sido protegidos por DACA desde que comenzó en 2012.

“No todos somos criminales”, dijo, “no todos somos doctores”.

Abogando por otros

Fernández dijo que no siempre ha hablado tan abiertamente sobre su estado. Ha debido superar “miedo, vergüenza y ansiedad”.

Como estudiante graduado de Berkeley, entendió que ocupaba un lugar privilegiado, y quería aprovechar esto para llamar la atención sobre el espectro de personas que viven sus vidas “persiguiendo su parte del sueño americano”.

Mientras cursa su doctorado en Berkeley, donde ha impartido seis clases y este año está involucrado principalmente en la investigación, Fernández ha separado tiempo para trabajar en la reforma migratoria en el este del Condado de Contra Costa, donde ha vivido casi toda su vida.

Hizo su primera comunión y confirmación en la Parroquia de San Pedro Mártir ,en Pittsburg, donde fue monaguillo. Mientras crecía, jugó fútbol en una liga formada para ayudar a los estudiantes con demasiado tiempo en sus manos.

Su don para las matemáticas no pasó desapercibido. Como un estudiante de secundaria, tomó una clase de matemáticas en un colegio comunitario. Si se inscribía, podría recibir crédito universitario.

Le pidió a su madre su número de Seguridad Social.

Él recordó su respuesta: “No tienes uno”.

La carencia de un estado permanente no ha detenido su activismo. Se ha dedicado a traer recursos y esperanza a la comunidad de inmigrantes en el Condado de Contra Costa.

Estuvo involucrado en la propuesta de ciudad santuario para Pittsburg, cuyo fracaso podría atribuirse a las amenazas de pérdida de fondos federales, que aún no se ha producido a nivel nacional.

Señales de esperanza

De esa campaña surgió EC FIRE East County for Immigrant Rights and Education. También participó en los talleres Know Your Rights (Conozca sus Derechos), patrocinados por Caridades Católicas del Este de la Bahía y la oficina de Vida y Justicia de la Diócesis de Oakland, como parte del Departamento de Formación de Fe y Evangelización.

Una de esas señales de esperanza es la red de respuesta rápida del condado para brindar asistencia legal a los inmigrantes indocumentados, promovida por la Alianza por los Derechos de los Inmigrantes de Contra Costa.

La defensa de Fernández abarca no solo aquellos cubiertos por DACA, sino la comunidad extendida de inmigrantes.

Teme que la comunidad DACA, por la que mucha gente siente compasión, pueda ser utilizada como moneda de cambio para obtener más políticas de inmigración de línea dura, como “construir un muro fronterizo, obtener más fondos de agentes de ICE o reducir la cantidad de inmigración legal” .

Con ese fin, se unió a los defensores de lo que denominan “un voto limpio de la Ley DREAM”, que no incluiría fondos para un muro fronterizo o un mayor número de agentes de inmigración.

“No queremos proteger a los Dreamers a costa de deportar a sus padres”, dijo.

Aunque las personas cubiertas por DACA fueron traídas a los Estados Unidos por sus padres, Fernández se apresura a señalar que no culpan a sus progenitores.

“Miren dónde estoy”, dijo el joven cuyo trabajo de posgrado es financiado parcialmente por fundaciones. “La decisión de mi madre me permitió llegar aquí. Estoy agradecido con mi mamá y mi papá por todos los sacrificios que hicieron. Solo querían formar una familia juntos y brindar oportunidades a sus hijos”, dijo.

Sus padres, dijo, le dieron “valores fundamentales”.

“Mi papá me dio una fuerte ética de trabajo, compromiso y lo que significaba trabajar duro”, dijo. “Mi madre me dio mucho amor y me ayudó a valorar la educación”.

Su fe también influyó en su vida. “Mi madre es increíblemente religiosa”, dijo. “Fue una gran influencia. No sé si sería la persona que soy sin los valores de mi madre y su aprecio por la iglesia”.

Para los que están al margen de la discusión sobre inmigración, Fernández sugirió involucrarse en organizaciones comunitarias, como Alameda County United en Defensa de los Derechos de los Inmigrantes en el Condado de Alameda y en Contra Costa, Contra Costa Immigrant Rights Alliance y EC FIRE.

Pregúntele a los líderes: “¿Qué podemos hacer en nuestra comunidad?”

Si no encuentra algo que le guste, tiene otra sugerencia: “Cree algo. Dé un salto de fe”.