Obispo preside Misa por nosotros en el altar del Santo Sepulcro

El obispo Michael C. Barber, SJ, oficia la Misa al amanecer en la losa de mármol donde colocaron el cuerpo de Cristo en la tumba, y de donde Él resucitó de los muertos. Cortesía del reverendísimo Michael C. Barber, SJ / especial para El Heraldo Católico

El obispo Michael C. Barber, SJ, oficia la Misa al amanecer en la losa de mármol donde colocaron el cuerpo de Cristo en la tumba, y de donde Él resucitó de los muertos. Cortesía del reverendísimo Michael C. Barber, SJ / especial para El Heraldo Católico

Por el Rev. Michael C. Barber, SJ

La primera semana de julio experimenté un verdadero consuelo espiritual. Fui a la Ciudad Santa de Jerusalén.

Yo no formaba parte de una peregrinación, pero me invitaron a unirme a un grupo de eruditos jesuitas del Antiguo Testamento para una conferencia de una semana sobre las relaciones entre el judaísmo y el cristianismo.

En los últimos años ha resurgido el interés por el judaísmo entre los estudiosos católicos. Después de todo, Jesús era judío, y cuanto más sepamos sobre el judaísmo, mejor conoceremos a Jesús. El Papa Francisco dijo en 2014: “Dentro de cada cristiano está un judío”.

El Papa Juan Pablo II había dicho casi lo mismo durante su visita a la sinagoga romana en 1986: “La religión judía no es ‘extrínseca’ para nosotros, pero de cierta manera es ‘intrínseca’ para nuestra propia religión. Con el judaísmo, por lo tanto, tenemos una relación que no existe con ninguna otra religion; ustedes son nuestros queridos hermanos y, de cierto modo, se podría decir que ustedes son nuestros hermanos mayores”.

Pienso en eso cada vez que me pongo la gorra de obispo: la que llamamos zucchetto, y los judíos llaman una kipá.

Para no permanecer en las nubes de la academia, también tuvimos una animada discusión con el reverendo David Neuhaus, SJ, delegado del Patriarca latino de Jerusalén para los católicos de habla hebrea en Israel y Palestina. El describió lo difícil que era para los cristianos, especialmente los cristianos palestinos, practicar su fe en el Estado de Israel. También nos habló sobre miles de niños nacidos en Israel que son católicos y crecen hablando solo hebreo. Creciendo en Israel, que puede ser a la vez muy religioso y muy secular, se sienten particularmente marginados.

Durante mi visita tuve una vivencia espiritual muy profunda. Intenté reservar una Misa en el recién restaurado Edículo del Santo Sepulcro – la “iglesia dentro de una iglesia” — un templete que sirve como tabernáculo que cubre la tumba donde Jesucristo fue enterrado y se levantó de nuevo.

La recepcionista me dijo que todos los cupos estaban reservados por las próximas seis semanas, pero acababa de recibir una cancelación. El Padre Michael Castori, SJ, de la Parroquia de Todos los Santos, Hayward, se unió a mí para celebrar una Misa al amanecer en la losa de mármol donde colocaron el cuerpo de Cristo en el sepulcro y de donde Él resucitó de entre los muertos.

Para entrar en esa pequeña cueva interior hay que agacharse. En el interior, hay espacio para que sólo tres personas se paren. No hay lugar más santo en toda la cristiandad, porque al resucitar de los muertos, Cristo probó su divinidad, y quitó el temor hacia la muerte entre todos los que lo siguen. Fue allí donde el Padre Castori y yo colocamos en el altar a todos ustedes, sacerdotes, religiosos y fieles de la Diócesis de Oakland.