Clínica de Orden de Malta llegará a la consulta número 25,000

El doctor Tom Wallace (izquierda) con uno de los enfermeros de la Clínica de la Orden de Malta. Foto: Raúl Ayrala

El doctor Tom Wallace (izquierda) con uno de los enfermeros de la Clínica de la Orden de Malta. Foto: Raúl Ayrala

Centro Médico atiende a quienes no tienen seguro sin preguntar estatus migratorio

Por Michele Jurich
y Raúl Ayrala
El Heraldo Católico

En un día de esta primavera, la Clínica Médica de la Orden de Malta, ubicada en el complejo de la Catedral de Oakland, recibirá su consulta número 25,000 . Al cierre de esta edición, la cuenta era de 24 mil 907 consultas.

El patrocinador principal de la Orden, el Cardenal Raymond Burke, llegó a Oakland en la tarde del domingo 19 de marzo para ofrecer su bendición e informarse de cómo funciona el centro médico para personas sin seguro de salud.

Numerosos miembros de la Orden de Malta se hicieron presentes en la sala de espera de la clínica para aguardar la llegada del prelado, quien fue recibido por el obispo Michael C. Barber, SJ, y por el vicario general George Mockel.

En ese momento llegó a la clínica una paciente, la hermana Magdalene Yee, que tenía una cita con la doctora Vona Lorenzana, la directora médica.

El cardenal Burke saludó con un caluroso “¡Bienvenida!” a la religiosa, que pertenece a la orden de la Misericordia.

Con el permiso de la paciente, el cardenal observó cómo el enfermero practicante Ron Connolly le tomaba a la hermana Yee la temperatura, presión arterial y pulso.

Voluntad de servir

Esta es una pequeña clínica que lleva ocho años abierta y que funciona con una gran mayoría de trabajadores voluntarios, entre ellos 25 médicos y 35 enfermeros. Uno de los valores más apreciados de este centro de salud es muy escaso en la atención sanitaria moderna: el tiempo. Las citas nunca duran menos de 30 minutos.

Ningún paciente paga un solo peso por ser atendido. La clínica no recibe reembolsos de los seguros médicos, ni fondos del gobierno.

El presupuesto es de medio millón de dólares anuales, provistos en parte por la Asociación de la Orden de Malta, y por donaciones – la mayoría, de miembros de la misma Orden.

El presidente de la Clínica, John Christian, dice que esos fondos se controlan rigurosamente, para que el proyecto pueda sobrevivir.

“Los estiramos lo más que se pueda”, asegura. “Cuando abrimos no estábamos seguros si íbamos a pasar de los dos años”.

Sin embargo la clínica (cuya fundación fue inspirada y apoyada por el ex obispo Allen H. Vigneron) pudo crecer.

“La ley ACA (Affordable Care Act, conocida comúnmente como Obamacare) ha tenido un impacto equivalente a cero para los que no tienen seguro o cuentan con un seguro parcial”, afirma el presidente de la clínica. Dice que tiene la sospecha de que hay gente que, teniendo una cobertura mínima, prefiere acudir al centro médico porque “la atención es mejor”.

Manos y pies de Dios

Según la directora médica, el trabajo de los profesionales de la clínica cumple el precepto de Santa Teresa de Ávila, quien decía que “en la tierra, el Señor no tiene otras manos ni otros pies que los nuestros”.

“Es un ministerio más”, dice la doctora Lorenzana.

Entre aquéllos dedicados a este ministerio está el neurólogo Tom Wallace, que conoció la clínica a través de un parroquiano de la iglesia de Santa Teresa de Oakland -a la que asiste- y decidió colaborar.

El doctor Wallace dice que dos de las cosas que lo hacen feliz de su labor en la clínica es que no tiene que lidiar ni con computadoras ni con seguros médicos.

Confirma que a ningún paciente se le pregunta sobre su estatus migratorio antes de ser atendido. Como la clínica no tiene relación alguna con gobiernos, se puede manejar de una manera independiente.

La Clínica de la Orden de Malta tiene una recepcionista de tiempo completo que habla español, Hilda Martínez, quien explica que los servicios son amplios y que “los médicos y enfermeros son todos de calidad”.

Se atiende tres días a la semana, pero también hay citas especiales en horas y días no hábiles.