Misa por los Enfermos en la Catedral

María Isabel Rosas y su nieta fueron dos de cientos de asistentes a la Misa por los enfermos en la Catedral Cristo, La Luz, en Oakland. Foto: Raúl Ayrala

María Isabel Rosas y su nieta fueron dos de cientos de asistentes a la Misa por los enfermos en la Catedral Cristo, La Luz, en Oakland. Foto: Raúl Ayrala

“Si no se sana nuestro cuerpo, que seamos curados en el alma”

Por Raúl Ayrala
El Heraldo Católico

Angie Egleham es sobreviviente de cáncer. El pasado 11 de febrero participó en la Misa por los Enfermos en la Catedral Cristo, La Luz, donde recibió la Unción de los Enfermos impartida por el obispo Michael C. Barber, SJ. y una media docena de sacerdotes diocesanos.

“Antes de una cirugía, me vino a ver a mi habitación de hospital un sacerdote católico, me bendijo y oró conmigo, lo que me conmovió mucho”, dijo Egleham. Las experiencias vividas en la lucha contra la enfermedad le hicieron replantear su relación con Dios, e impulsaron su fe.

“Yo era inconsistente, pero ahora voy siempre a buscarlo a la iglesia, porque necesito seguir positiva y reforzar mi necesidad de estar bien”, afirmó Angie, acompañada por su papá Reynaldo, su hermana y su mamá, con quien ese día celebraban el día de su santo: las dos se llaman Lourdes.

Origen de conmemoración

Desde 2009, las Damas y Caballeros de la Orden de Malta organizan la Misa por los Enfermos en los días cercanos a la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, que culmina con la repartición de agua bendita de la Gruta francesa de Lourdes –a la que se le atribuyen propiedades curativas-, rosarios y estampitas.

“Cada vez que va alguno de nosotros a Lourdes, trae el agua bendita que luego los jóvenes de la Orden fraccionan en pequeños recipientes plásticos, y así se la regalamos a la gente”, explicó a El Heraldo Católico Kit Greerty, una de las Damas.

La Misa tradicional por los enfermos de la diócesis fue establecida por el entonces obispo Allen Vigneron, luego de una de estas visitas. Inspirado por el viaje, “nos dijo que quería hacer una Misa todos los años y pidió que le ayudáramos”, recuerda Greerty.

La Orden de Malta, a cargo de las Clínicas de Salud y Legal ubicadas en el complejo de Catedral, reportó que éste fue el año en que más fieles participaron en la celebración: 900 personas, según el grupo.

“Deseo e imploro que todos aquéllos a los que voy a dar la Unción hoy se curen de su enfermedad”, expresó el obispo Barber en su homilía. “Rezo para que aquéllos de nosotros que tal vez no nos podamos curar del cuerpo, sí seamos sanados en el espíritu”.

Antes de terminar la Eucaristía el obispo ofreció una bendición especial para los trabajadores de la salud,entre ellos, quienes cuidan de enfermos; después bendijo personalmente a la salida de Misa a todos los fieles que se lo solicitaban.

En cada bendición, Barber cerraba sus ojos después de escuchar a los asistentes, les imponía las manos y oraba por ellos. Muchas lágrimas se derramaron esa tarde, como las que virtió después de la bendición personal del obispo María Isabel Rosas, de 83 años, originaria de Atengo, Jalisco y parroquiana de Santa Isabel en Oakland.

“Le pedí que me ayude en mi enfermedad”, dijo, mientras su nieta apuntaba que María Isabel buscaba ser sanada del corazón, porque su mayor pena era la muerte reciente de su compañero de casi 70 años de matrimonio.

La voz se le quebraba al contar que lo habían sepultado en la misma Catedral: “¿Usted cree que [ese dolor] no lo voy a sentir?”, decía. Además de la pérdida, la señora Rosas tuvo una embolia cerebral doce años atrás.

Entrega de documento especial

Este año por primera vez se entregó a los asistentes un documento llamado “Directivas por adelantado para el cuidado de la salud [en casos terminales]” o Advance Health Care Directive, en el que se detalla el criterio de la enseñanza católica al respecto, opuesto tanto a la eutanasia como al suicidio.

Según el abogado Tom Greerty, Caballero de Malta y profesional de la Clínica Legal Papa Francisco, éste contiene además un poder legal — power of attorney — aprobado por la diócesis, por el cual el paciente delega a un apoderado principal y a dos alternos las decisiones que esté imposibilitado de hacer personalmente hacia el fin de su vida.

Es similar al aprobado por la arquidiócesis de Los Ángeles, y está basado en la Declaración sobre la Eutanasia promulgada en 1980 por la Congregación Vaticana para la Doctrina de la Fe.

“Permite que el médico, la familia y los amigos sepan cuáles son las preferencias del paciente, incluyendo los tratamientos a recibir, procedimientos quirúrgicos, resucitación cardiopulmonar y donación de órganos”.