Movimiento Familiar Cristiano

El encuentro de las parejas del MFC tuvo lugar en septiembre pasado, en el gimnasio de la escuela de San Cornelio, en Richmond. Foto: Raúl Ayrala

El encuentro de las parejas del MFC tuvo lugar en septiembre pasado, en el gimnasio de la escuela de San Cornelio, en Richmond. Foto: Raúl Ayrala

Construyendo testimonios del amor

Por Raúl Ayrala
El Heraldo Católico

A fines de septiembre se reunieron en la parroquia de San Cornelio, en Richmond, 60 personas entre nuevos participantes, parejas que llevan tiempo en el Movimiento Familiar Cristiano y coordinadores.

Todos son laicos, pero los asisten los párrocos y un asesor espiritual. Parejas nuevas y veteranas participaron en un convivio para compartir ideas y coordinar futuras reuniones.

En el Movimiento Familiar Cristiano Católico (MFC) participan matrimonios con metas definidas: Que las familias latinas de Estados Unidos sean formadoras de la persona, educadoras en la fe y promotoras del desarrollo integral, tanto de la comunidad como de la Iglesia nacional.

La salvadoreña María Figueroa supervisa a los coordinadores del área, que incluye entre otras comunidades a San Lorenzo O’Toole, San Cornelio, San Marcos, San Pablo y San José, de Pinole.

El MFC es un grupo interparroquial. La promoción del movimiento se hace templo por templo. Tras las Misas, un representante invita a los asistentes a unirse después de anotar su teléfono y hacer una cita con ellos.

En esa cita “les explicamos qué hacemos y ellos deciden después si ingresan o no”, dice Figueroa. Si están dispuestos a unirse al MFC, llenan un formulario, y con los datos de las parejas se van formando grupos de entre cuatro y cinco matrimonios que se reúnen por primera vez en la casa del coordinador, y luego se van turnando las reuniones en los hogares de cada pareja.

A quién sirve el MFC

“A muchas parejas les pasa que vienen quebradas, o tambaleando, o con sed de recursos e información”, explica la vicepresidenta de la mesa directiva del MFC, Lucía Barba. Su esposo Refugio también es líder del movimiento.

Barba dice que los matrimonios pasan por cuatro etapas de un año cada una.

Primero aprenden a comunicarse sobre gustos y diferencias, y a  solucionar problemas juntos, como pareja. Luego desarrollan la comunicación entre padres e hijos, para no descuidar a la familia, porque la iglesia no debe ser un escape a  los problemas en casa. Después se promueve la integración de la familia dentro de la comunidad. Finalmente se combina  la participación en la iglesia con el propósito de servir.

Cada reunión grupal comienza con una plegaria, se lee una parte de la Biblia relacionada con el tema que se tratará y se discute ese tema específico.

Las etapas del movimiento concuerdan con el año escolar. El padre Sergio Mora, de San Cornelio, insiste en que no participar en más de dos ministerios, para no descuidar la vida familiar.

Recién ingresados

¿Qué motiva a las parejas a participar en el MFC?

“Vine para que mejoremos”, dice Ángela Torres, feligresa de San Marcos.

Su esposo Francisco Cruz quiere averiguar si el MFC puede ayudarles a solidificar su relación.

“Conocernos más, conocer nuestras diferencias, entendernos” es la tarea, dice Francisco, reconociendo que él es el más enojón de los dos.

Los esposos llevan seis años casados por la Iglesia y 13 juntos; tienen dos gemelos varones de diez años y una niña de nueve.

El sacramento

Además del diálogo matrimonial, otro objetivo del MFC es que las parejas que no están casadas por la Iglesia asistan a retiros, para motivarlos  a que consideren recibir en el futuro el sacramento del matrimonio.