A partir de 2018, nueva preparatoria Cristo Rey reemplazará a escuela Santa Isabel en Oakland

Padres, maestros y estudiantes participaron en la reunión con el obispo Barber el pasado 7 de septiembre, a la que asistió Hector Medina (centro), coordinador del Ministerio latino de la diócesis. Foto: Michele Jurich

Padres, maestros y estudiantes participaron en la reunión con el obispo Barber el pasado 7 de septiembre, a la que asistió Hector Medina (centro), coordinador del Ministerio latino de la diócesis. Foto: Michele Jurich

Por Michele Jurich
El Heraldo Católico

Con 95 años de existencia, la preparatoria Saint Elizabeth, del barrio de Fruitvale en Oakland, cerrará sus puertas al terminar el año escolar 2016-2017. En junio de 2017, se graduará la última generación de Saint Elizabeth High.

A partir del otoño de 2018, el plantel será reemplazado por la nueva preparatoria Cristo Rey, según el obispo Michael C. Barber, SJ, como resultado de tres años de lucha por mantener la presencia de un establecimiento educativo católico en el barrio.

“Mi meta y mi deseo siempre fueron poder salvar a Saint Elizabeth”, afirmó el obispo ante estudiantes, padres y maestros que llenaron el gimnasio de la escuela el pasado 7 de septiembre. El obispo les indicó que la diócesis quiere fundar una preparatoria enfocada en el modelo de las escuelas Cristo Rey, exitoso en otras ciudades.

Nuevo modelo 

La casa de estudios, que se llamaría Preparatoria Cristo Rey del Este de la Bahía, o East Bay Cristo Rey High School en inglés, será parte de una cadena o red de escuelas Cristo Rey, establecida 20 años atrás en Chicago, las cuales combinan la experiencia académica con el trabajo.

Cada estudiante debe trabajar un día a la semana, y comparte con otros tres compañeros un puesto de tiempo completo en una compañía. El trabajo es de tipo administrativo no especializado, generalmente en una oficina; la empresa paga el salario a la escuela y esa remuneración cubre parte de los gastos de matrícula. Los padres también contribuyen, pero de una manera modesta.

Cuando sea inaugurada, la escuela recibiría a unos 125 jóvenes de ambos sexos para cursar el primer año de preparatoria en 2018-2019. Se iría agregando un grado por año hasta llegar al otoño de 2021.

Decisiones difíciles

Mantener una escuela secundaria en el barrio de Fruitvale tendrá un costo humano adicional: mientras los estudiantes que cursen el último grado en 2016 – 2017 serán los últimos graduados, los de grados anteriores tendrán que transferirse a otras preparatorias.

En Santa Isabel, los padres de los alumnos actuales contribuyen con aproximadamente medio millón de dólares en colegiaturas, pero la diócesis ha tenido que aportar un adicional equivalente para mantener abierta la escuela, ante la disminución de nuevos alumnos y de aportes monetarios externos.

En 1961, la escuela tenía 700 alumnos; desde 1990, ese número ha ido disminuyendo cada año, hasta llegar a la cifra actual de 143 estudiantes.

El obispo admitió que es una situación que no se puede mantener, y que por eso se debe encontrar un modelo de financiación sostenible.

El caso de Santa Isabel no es el único a nivel nacional. Barber recordó con cariño su primera visita como pastor de Oakland a la preparatoria de Fruitvale, y dijo que reconocía el sacrificio que hacen las familias para enviar a sus hijos al plantel.

“Todos y cada uno son importantes para mí”, dijo, “[y me pesa] que no podamos ofrecerles todas las materias, los programas, los deportes, clubes y actividades extracurriculares que una buena escuela católica debe tener”.

Emotiva reunión

La junta del 7 de septiembre trató también de los planes que se han hecho para transferir a los estudiantes que actualmente están en los grados noveno, décimo y 11.

Seis escuelas recibirían a estos alumnos: Obispo O’Dowd y Holy Names de Oakland; San José Notre Dame de Alameda; la preparatoria del colegio Saint Mary de Berkeley; la preparatoria Salesiana de Richmond, y la preparatoria católica Moreau de Hayward. De La Salle y Carondelet, en Concord, también han ofrecido ayuda.

Las familias de los estudiantes que se transferirán van a abonar lo mismo que pagarían en Santa Isabel, con ajustes anuales futuros basados en el costo de vida, bastante más económico que lo que se cobra en las escuelas de transferencia. Lo que falte será cubierto por la diócesis y por las propias escuelas.

Entre la audiencia había representantes de todas las escuelas nombradas, como presidentes, directores y sacerdotes. La transición afecta a 42 juniors (estudiantes del undécimo grado), 19 sophomores (décimo) y 46 freshmen (noveno) que hoy estudian en “Saint Liz”.

La reunión fue emotiva. Algunos padres expresaron temor al obispo y al superintendente interino de escuelas, padre Larry Young, frente a la posibilidad  de que las otras escuelas no acepten a sus hijos.

Varios estudiantes conmovieron hasta el llanto a la audiencia al compartir los sacrificios que sus padres hacen para enviarlos a la escuela, entre ellos tener dos trabajos.

Las críticas más duras fueron emitidas por los padres de estudiantes del noveno grado (el primero de preparatoria), ingresados sólo un mes antes, al preguntar por qué la diócesis permitió que se matricularan nuevos estudiantes al principio del año escolar si sabía que Santa Isabel iba a cerrar.

Otros preguntaron por qué la escuela tenía que cerrarse para después reabrir.

El obispo les respondió que es un requerimiento de la cadena de escuelas Cristo Rey. Pero, esperanzado, aclaró que hasta la fecha ninguno de estos planteles ha tenido que cerrar sus puertas.