María Auxiliadora, 101 años de historia y devoción en Oakland

El padre Juan Franco lleva el Santísimo en procesión desde el templo de María Auxiliadora hacia las calles de Jingletown, el pasado mes de mayo. Foto: Raúl Ayrala

El padre Juan Franco lleva el Santísimo en procesión desde el templo de María Auxiliadora hacia las calles de Jingletown, el pasado mes de mayo. Foto: Raúl Ayrala

Por Raúl Ayrala
El Heraldo Católico

El 2016 marca 101 años para la parroquia de María Auxiliadora, con una historia tan rica como acentuada por momentos triunfales y dolorosos.

En 1915 los portugueses de una barriada obrera del este de Oakland cumplían el sueño de tener un lugar de adoración en el vecindario. La modesta pero luminosa capilla de madera contaba con un salón parroquial a nivel del piso, el templo en los altos y un tercer nivel para el coro. Los salesianos la hicieron posible.

Un siglo después, el área esta poblada por latinos y afroamericanos; el templo de María Auxiliadora se salvó de la demolición y del abandono, y hasta tiene un sacerdote viviendo en la casa parroquial de manera permanente desde hace cuatro meses: el padre Ghebriel Woldai, pastor de la comunidad africana de Eritrea.

Revive tradición

El padre Juan Franco es el administrador parroquial y maneja los destinos de María Auxiliadora desde San Antonio (Oakland) porque los dos templos están a su cargo; sin embargo distribuye parte su tiempo entre San Antonio y la capilla centenaria, como lo hizo los últimos días de mayo durante la Novena a la Virgen.

“Salimos por segundo año por las calles del barrio llevando el Santísimo expuesto y rezando el Rosario; es una tradición que trajeron los portugueses y que los latinos insistieron en que querían seguir cumpliendo”, dice el padre Franco.

La procesión por la calle encabezada por el sacerdote, las campanas del templo repicando, la Virgen llevada por parroquianos son imágenes no muy cotidianas en Estados Unidos, pero recuerdan a los latinoamericanos la vida en su tierra natal y a la vez, honran la memoria de los primeros fieles.

Las celebraciones siguieron con una Misa celebrada por Monseñor Antonio Valdivia el domingo 22 de mayo. Mientras se oraba dentro del templo, en el estacionamiento de María Auxiliadora había una kermés con comida mexicana, estadounidense y africana, bebidas, actividades para niños, sorteos, música en vivo y concursos de talentos.

Fuera de concurso estaba el padre Juan, a quien la comunidad le entregó un trofeo coronado por dos manos en oración, después de hacerle cantar “Caminos de Michoacán”, himno extraoficial del estado en el que nació.

Despertando sensibilidad

“De veras que estamos despertando en María Auxiliadora a la sensibilidad de la presencia de nuestra Madre, y por eso estoy muy agradecido”, señaló el padre Franco, quien mencionó que el cumpleaños 101 de la parroquia se cerró con la Misa Solemne del lunes 23, con la presencia de Monseñor Valdivia y del padre Woldai de la diáspora de Eritrea.

“Nuestro deber es seguir promoviendo la devoción a María Santísima, Auxilio de los Cristianos”, dice el párroco.

Rosy García, catequista y coordinadora del catecismo en María Auxiliadora confirma que las comunidades latina y africana “conviven mucho y se llevan muy bien”. Explica que la instrucción en la fe se imparte a niños de 7 a 11 años; las clases son en español e inglés los viernes, con ocho maestras en total. Las comuniones se hacen durante la segunda o tercera semana de mayo.

En María Auxiliadora hay gente que ha sido fiel a su parroquia por décadas.

Evelia Contreras, otra catequista, dice que se integró a la parroquia en los 70s, cuando empezaron las Misas en español, y recuerda que mucha gente latina, en especial de Jalisco, comenzó a congregarse allí porque era uno de los lugares donde en aquélla época podían participar en una Misa en su idioma natal.

“Siempre viví en Oakland, e incluso en esta iglesia fue donde mis padres celebraron sus bodas de oro. Cuando mi papá falleció, aquí quiso que le hiciéramos su funeral”, dice Contreras. Como otros entrevistados por El Heraldo Católico se muestra “muy feliz” con la llegada del padre Franco, hace ya dos años. Recalca que “él pone el ejemplo de cómo se trabaja” y que el párroco labora “a la par de todos los demás”.

Evelia Contreras cuenta que “hace quince años quisieron cerrar esta iglesia” y que por mucho tiempo María Auxiliadora no tuvo sacerdote; las juntas con el obispo ocurrían sin solución aparente.

“Un domingo estuvimos aguardando dos horas a un sacerdote para que viniera a darnos la Misa… pero la gente se esperó. La iglesia estaba llena”.

La comunidad está creciendo en número aunque el desafío es que “crezcan en responsabilidad”, según el padre Franco.

La restauración del edificio prácticamente está terminada pero falta que los parroquianos se comprometan más en lo pastoral, que se armen grupos, que se establezca un liderazgo, dice el párroco. Ese es “el compromiso de servir”, asegura.